La ilusión del síntoma aislado
Seguimos actuando como si el cuerpo fuera una mecánica fragmentada. Un dolor aquí. Un trastorno allá. Un síntoma aislado que podría corregirse localmente, casi como si se reemplazara una pieza defectuosa. Sin embargo, en la práctica clínica, la experiencia es constante: nada está realmente aislado.
Una fatiga crónica, un dolor persistente, un desequilibrio digestivo u hormonal no viven en un órgano. Emergen de un sistema vivo, interconectado, adaptativo e inteligente. George Engel, psiquiatra y profesor de la Universidad de Rochester, lo planteó en 1977 en la revista Science: el modelo biomédico es insuficiente porque ignora las dimensiones psicológica y social de la enfermedad. Su propuesta de un modelo biopsicosocial, término que él mismo acuñó, sigue siendo, casi cincuenta años después, más necesaria que aplicada.
El cuerpo como sistema integrado
El cuerpo funciona como un todo. El sistema nervioso dialoga permanentemente con el sistema inmunitario. Las hormonas modulan el metabolismo. Las emociones modifican la fisiología. Las creencias orientan los comportamientos. Y la conciencia influye en nuestras decisiones y, por tanto, en nuestros estados internos.
Stephen Porges, neurocientífico, lo documentó desde la neurofisiología: el sistema nervioso autónomo no regula solo funciones corporales. Regula la percepción de seguridad, la capacidad de conexión social y la disponibilidad para la reparación biológica. Bruce McEwen, neuroendocrinólogo, añadió la dimensión del coste acumulativo: la carga alostática muestra cómo el estrés crónico reconfigura el funcionamiento neuroendocrino e inmunitario de forma sistémica.
Imaginar que un desequilibrio complejo puede corregirse mediante una acción única, específica y localizada es una simplificación seductora. Es tranquilizadora. Es cómoda. Pero es incompleta. Y, por lo tanto, inevitablemente insuficiente.
La lógica de una respuesta holística
Un problema holístico requiere una respuesta holística. No por ideología. Por lógica. Cuando el desequilibrio implica múltiples sistemas, intervenir en una sola variable equivale a ignorar las fuerzas que mantienen el estado inicial.
Trabajar únicamente sobre el cuerpo puede significar pasar por alto las tensiones mentales, emocionales y ambientales que sostienen la carga fisiológica. Trabajar solo sobre lo mental es olvidar que la biología tiene sus propias leyes, ritmos y necesidades estructurales. Trabajar solo sobre los síntomas es confundir adaptación con curación.
Bessel van der Kolk, psiquiatra, y profesor de psiquiatría en Boston University School of Medicine, lo estableció con claridad: el trauma no se resuelve solo con palabras ni solo con el cuerpo. Requiere la integración de ambas dimensiones. El mismo principio se aplica a cualquier desequilibrio crónico.
El síntoma como estrategia del organismo
El síntoma suele ser una estrategia del organismo. Un intento de regulación. Una respuesta coherente a un contexto interno o externo que se ha vuelto incoherente. Suprimir el síntoma sin comprender su función equivale a silenciar una señal sin abordar la causa que lo hizo necesario.
Podemos corregir un parámetro biológico y dejar intacto el terreno mental que lo desequilibró. Podemos aliviar un dolor y mantener los patrones posturales, emocionales o conductuales que lo vuelven indispensable. Podemos aliviar sin transformar.
Respetar la lógica de lo vivo
Un abordaje holístico no significa hacerlo todo. Eso sería irreal. Significa respetar la lógica de lo vivo. Observar las interacciones. Identificar los bucles que mantienen el problema. Comprender que el movimiento influye en la neuroplasticidad, que la alimentación modula la inflamación y la energía celular, que el sueño regula el eje hormonal, que la carga de estrés reconfigura el sistema nervioso autónomo.
Pero también reconocer que las creencias, los condicionamientos y la manera en que una persona se cuenta su historia moldean sus comportamientos cotidianos y, por tanto, su terreno biológico. Allan Schore, investigador en neurobiología del desarrollo, y profesor clínico en el departamento de psiquiatría de UCLA David Geffen School of Medicine, lo documentó: la regulación afectiva se construye en relación y se inscribe en la biología. Lo psicológico no es una capa que flota sobre el cuerpo. Es parte del cuerpo.
Una parte del desequilibrio se juega en lo que se cree. En lo que se repite. En lo que nunca se cuestiona. El cuerpo ejecuta con frecuencia programas implícitos, lealtades invisibles, adaptaciones antiguas que se han vuelto inadecuadas. Ignorar esta dimensión es dejar intacta una parte del problema.
Lo vivo no exige una solución espectacular. Exige coherencia. Alineación entre los distintos niveles de funcionamiento. Mientras los cambios sigan siendo parciales, los resultados también lo serán. Mientras una dimensión quede excluida, corporal, psíquica o consciente, el trabajo permanecerá incompleto.
Problema holístico. Tratamiento holístico. No como eslogan. Como una exigencia de rigor frente a la complejidad de lo vivo.
Fuentes y referencias
Engel, G. L. (1977). The Need for a New Medical Model: A Challenge for Biomedicine. Science, 196(4286), 129-136. MD psiquiatra, profesor de la Universidad de Rochester.
McEwen, B. S. (1998). Protective and Damaging Effects of Stress Mediators. New England Journal of Medicine. Neuroendocrinólogo, Universidad Rockefeller.
Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory. W. W. Norton. PhD, neurocientífico, Universidad de Indiana.
Schore, A. N. (2003). Affect Regulation and the Repair of the Self. W. W. Norton. PhD, profesor clínico en el departamento de psiquiatría, UCLA.
Van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score. Viking. MD psiquiatra, profesor de psiquiatría, Boston University.