El estrés nos enferma: comprender el vínculo entre estrés crónico e inmunidad

El estrés nos enferma. Y en el sentido más literal de la palabra.

Inmunidad debilitada o sistema agotado por el estrés

Te enfermas a menudo y quizá piensas que tu inmunidad es débil. En realidad, sería más justo decir que está agotada. Podría parecer que funciona mal, pero muy a menudo no es así. Lo que ocurre es que está en pausa, incluso cortocircuitada, por otro sistema que ha pasado a ser prioritario: el del estrés. Robert Sapolsky, neurobiólogo, lo documentó con claridad en su trabajo sobre la fisiología del estrés crónico.

El cuerpo frente a una elección biológica fundamental

El cuerpo no puede estar en todos los frentes al mismo tiempo. Debe elegir entre sobrevivir a una amenaza inmediata o reparar, defender, digerir, cicatrizar. Y bajo estrés crónico, esta elección deja de ser una elección: el cuerpo queda bloqueado en modo supervivencia. Bruce McEwen, neuroendocrinólogo, describió este fenómeno como carga alostática: el coste acumulativo de un organismo que compensa sin descanso.

Stephen Porges, neurocientífico, lo describe desde la teoría polivagal: cuando el sistema nervioso permanece en activación simpática crónica, las funciones restauradoras del nervio vago ventral quedan inhibidas. No es que la inmunidad falle. Es que no tiene permiso para actuar.

El eje del estrés: hipotálamo-hipófisis-suprarrenal

El estrés activa lo que se denomina el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Este eje libera cortisol y otras hormonas destinadas a movilizar energía para huir, luchar, actuar. A corto plazo, este mecanismo es vital. Pero a largo plazo, se vuelve destructivo. Porque para economizar recursos, el cuerpo pone en pausa lo que no es urgente: la digestión, la reproducción y la inmunidad.

Es una cuestión de jerarquía biológica: es mejor enfrentarse al león que a la bacteria. Eso tiene lógica. El problema es que hoy en día nuestros leones no desaparecen nunca. Walter Cannon, fisiólogo pionero en el estudio de la respuesta de lucha o huida, estableció en 1932 las bases de lo que Sapolsky desarrollaría décadas después: el cuerpo responde a amenazas psicológicas crónicas con la misma maquinaria biológica que fue diseñada para amenazas físicas agudas.

El estrés crónico: un mecanismo que se vuelve tóxico

Trabajo, presión, conflictos, carencias, hiperestimulación, actualidad constante, falta de descanso, miedo al mañana. Nuestro sistema nervioso permanece en alerta permanente. Resultado: la inmunidad queda inhibida de forma crónica, las defensas se derrumban, las infecciones se multiplican y las inflamaciones se vuelven crónicas.

El estrés crónico no es una simple tensión psicológica. Es un estado biológico de desregulación. Reprograma las prioridades del cuerpo, le impide repararse, eliminar, defenderse. Y mientras este bucle no se rompa, ningún suplemento, ningún medicamento, ninguna planta puede restaurar la salud de forma duradera.

Recuperar la seguridad interna para restaurar la inmunidad

Recuperar una inmunidad fuerte es, ante todo, reaprender a sentirse seguro. Es calmar el sistema nervioso, liberar al cuerpo de esta urgencia constante, devolverle el permiso de sanar.

No se trata de reforzar la inmunidad, sino de devolverle el lugar que nunca dejó de merecer.

Fuentes y referencias

Cannon, W. B. (1932). The Wisdom of the Body. W. W. Norton. Fisiólogo, Harvard Medical School, pionero en el estudio de la respuesta de lucha o huida.

McEwen, B. S. (1998). Protective and damaging effects of stress mediators. New England Journal of Medicine, 338(3), 171-179. Neuroendocrinólogo, Universidad Rockefeller.

Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory. W. W. Norton. PhD, neurocientífico, Universidad de Indiana.

Sapolsky, R. M. (2004). Why Zebras Don’t Get Ulcers. Henry Holt. PhD en neurobiología, profesor en la Universidad de Stanford.

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