Valérie-Anne O’Callaghan
Una persona ve un vídeo que describe rasgos en los que se reconoce. Busca información. En pocos días su feed se llena de contenido sobre el tema: tests rápidos, listas de señales, cuentas que explican su vida mejor de lo que ella podría. Al cabo de unas semanas aparecen las ofertas: un curso, un programa de acompañamiento, un protocolo de suplementos, una consulta privada con lista de espera.
El reconocimiento es real y suele ser un alivio. Lo que viene después merece mirarse con atención.
Escribo esto siendo parte del sector. Tengo una consulta privada, escribo contenido y ese contenido me trae clientes. Nada de lo que sigue me deja fuera.
Por qué este mercado crece ahora
Confluyen varias cosas.
La demanda de evaluación en adultos ha aumentado mucho, y los sistemas públicos casi nunca la cubren o imponen esperas de años. Ese hueco lo ocupa la iniciativa privada, con precios que van de lo razonable a lo abusivo.
El contenido sobre neurodivergencia funciona muy bien en redes. Combina reconocimiento personal, identidad y explicación de un malestar previo, que es una fórmula con enorme capacidad de circulación.
Y hay una población concreta con dos características que interesan a cualquier mercado: lleva años sin respuestas y acaba de encontrar un marco que las ordena.
Los tests que circulan
Los cuestionarios como el AQ de Baron-Cohen o el RAADS-R son herramientas de cribado, y eso significa algo preciso: señalan a quién conviene evaluar, y no dicen quién es autista. Están diseñados para orientar una derivación, no para concluir.
En redes circulan además versiones acortadas, traducciones sin validar y listas de rasgos sin ninguna base psicométrica. Un test de doce preguntas con un titular que promete decirte si eres autista no tiene valor diagnóstico de ningún tipo.
El problema añadido es que muchos de esos rasgos son inespecíficos. Dificultad de concentración, sensibilidad al ruido, agotamiento social, necesidad de rutinas: todo eso aparece también en ansiedad, en depresión, en estrés sostenido, en privación de sueño y en varias condiciones médicas. Reconocerse en una lista de rasgos comunes no confirma nada.
Conviene decir también lo contrario, porque el matiz importa: la autoidentificación tiene valor. Muchas personas sin acceso a evaluación se reconocen con precisión, y la literatura la trata con respeto. La diferencia está entre reconocerse a partir de descripciones cuidadosas y hacerlo a partir de un vídeo de treinta segundos que describe rasgos que tiene casi todo el mundo.
El acompañamiento sin formación
Esta es la zona más delicada.
Han aparecido figuras profesionales que operan sin regulación, sin formación reglada exigida y sin un marco de responsabilidad. Cualquiera puede llamarse acompañante en neurodivergencia después de un curso de fin de semana.
Algunas de esas personas hacen un trabajo valioso. La experiencia vivida aporta algo que ninguna formación sustituye, y en un terreno donde tanta gente ha sido malinterpretada por profesionales, que te atienda alguien que lo entiende de primera mano tiene un valor difícil de exagerar.
El problema aparece en los límites. Cuando ese acompañamiento se ofrece a personas con ideación suicida, con trauma complejo, con trastornos alimentarios o en descompensación, y quien acompaña carece de formación clínica para reconocerlo y derivar.
Y aparece también en la estructura. Cialdini (1984) describió los principios que sostienen la persuasión comercial: autoridad percibida, prueba social, escasez, compromiso progresivo. Un programa que empieza con un contenido gratuito, sigue con un curso asequible y termina en un acompañamiento de varios miles de euros está usando compromiso progresivo, se llame como se llame.
Los suplementos y los protocolos
Aquí conviene ser directo.
Circula un mercado considerable de suplementos dirigidos a población neurodivergente: fórmulas mitocondriales, protocolos metilados, megadosis de vitaminas, tratamientos para la permeabilidad intestinal. Con frecuencia se apoyan en literatura real, y se presentan con un nivel de certeza que esa literatura no autoriza.
Existe investigación sobre disfunción mitocondrial en un subgrupo de personas autistas. Existen estudios preliminares sobre algunos suplementos concretos. Y de ahí a un protocolo de trescientos euros al mes hay un salto que nadie ha demostrado.
Tres cosas que conviene tener presentes. Los suplementos interaccionan con medicación. Las megadosis de algunas vitaminas producen toxicidad. Y quien vende el protocolo suele ser quien lo recomienda.
Si hay sospecha de alteración metabólica, el camino es un profesional sanitario que pueda pedir analítica e interpretarla, no un protocolo estándar comprado por internet.
Cuando la identidad se vuelve producto
Esto es más sutil y me parece más importante que todo lo anterior.
Reconocerse neurodivergente organiza una biografía, y esa capacidad organizadora es real. También la convierte en un terreno fértil para construir pertenencia, y la pertenencia se puede monetizar.
El patrón es el mismo que describí a propósito del mercado del desarrollo personal. Se identifica una herida, se amplifica, se ofrece una identidad nueva y se crea una comunidad cerrada. Desde fuera parece comprensión. Desde dentro puede convertirse en dependencia.
Una señal útil: si un espacio necesita que sigas identificándote principalmente por tu diagnóstico para mantenerte dentro, algo no funciona. Un proceso que va bien tiende a la dirección contraria, hacia una vida donde eso es una parte y no el centro.
Cuatro preguntas antes de pagar
¿Qué formación tiene quien lo ofrece, y dónde está publicada?Un currículo verificable es lo mínimo. La ausencia de esa información es en sí misma información.
¿Qué promete exactamente? Las promesas de recuperación, transformación o resolución en un plazo concreto son la señal más fiable. Nadie serio promete eso.
¿Sabría derivar? Pregúntalo directamente. Quien trabaja bien tiene claros sus límites y los dice sin incomodarse.
¿Qué pasa si lo dejas? Si abandonar implica perder acceso a la comunidad, o se plantea como resistencia al proceso, es una estructura de retención.
Lo que sí me parece que ayuda
Información escrita por personas autistas adultas, que es donde está la mejor descripción de la experiencia.
Evaluación con profesionales que puedan justificar sus instrumentos y su procedimiento, cuando se necesita y se puede pagar.
Contacto con pares, que la literatura sobre bienestar señala con bastante consistencia.
Y ajustes concretos en la vida: el entorno sensorial, la carga social, los tiempos de recuperación. Poco espectacular, gratuito en su mayor parte, y con más efecto que casi cualquier cosa que se venda.
Mi propia posición
Vuelvo al principio, porque escribir esto sin mirarme sería deshonesto.
Escribo contenido, ese contenido me trae clientes y cobro por mi trabajo. Este mismo artículo, publicado en mi blog, funciona como parte de eso.
Lo que puedo ofrecer como criterio es lo que aplico a mí misma: decir qué está documentado y qué es hipótesis, señalar los límites de lo que hago, derivar cuando corresponde y no prometer resultados que no puedo garantizar.
Si un texto sobre neurodivergencia termina llevándote a una compra urgente, con plazo y con descuento por decidir hoy, ese texto está haciendo otra cosa distinta de informarte.
Fuentes y referencias
Baron-Cohen, S., Wheelwright, S., Skinner, R., Martin, J. y Clubley, E. (2001). The Autism-Spectrum Quotient (AQ): Evidence from Asperger syndrome/high-functioning autism, males and females, scientists and mathematicians. Journal of Autism and Developmental Disorders, 31(1), 5-17. Universidad de Cambridge.
Cialdini, R. B. (1984). Influence: The Psychology of Persuasion. Harper Business. Psicólogo social, Universidad Estatal de Arizona.
Frye, R. E., et al. (2024). Biomarkers of mitochondrial dysfunction in autism spectrum disorder: A systematic review and meta-analysis. Research in Developmental Disabilities.
Ritvo, R. A., et al. (2011). The Ritvo Autism Asperger Diagnostic Scale-Revised (RAADS-R): A scale to assist the diagnosis of autism spectrum disorder in adults. Journal of Autism and Developmental Disorders, 41(8), 1076-1089.
Rossignol, D. A. y Frye, R. E. (2012). Mitochondrial dysfunction in autism spectrum disorders: a systematic review and meta-analysis. Molecular Psychiatry, 17, 290-314.
Zuboff, S. (2019). The Age of Surveillance Capitalism. PublicAffairs. Profesora emérita, Harvard Business School.