Neurodivergencia y sustancias: por qué el riesgo no es el mismo para todo el mundo

Valérie-Anne O’Callaghan

Circula un discurso cada vez más presente: que la psilocibina, el MDMA, la ayahuasca o el cannabis podrían resolver lo que la terapia convencional no resuelve. Y llega con especial fuerza a una población concreta, la de personas neurodivergentes que llevan años sin encontrar respuestas y que suelen convivir con ansiedad, depresión o agotamiento crónico.

La pregunta que casi nunca se hace es si el perfil de riesgo es el mismo. Y no lo es.

Escribo esto sin ánimo prohibicionista. Las decisiones sobre el propio cuerpo son de cada cual. Lo que me parece exigible es que se tomen con la información completa, y en este terreno la información que circula está muy sesgada hacia el entusiasmo.

El punto de partida: casi no hay datos

Es lo primero que conviene saber.

Las personas autistas y con TDAH quedan sistemáticamente excluidas de los ensayos clínicos con psicodélicos. Lo que sabemos sobre eficacia y seguridad procede casi por completo de población neurotípica, y su aplicabilidad a otros perfiles neurológicos está sin establecer.

Lo poco que existe específicamente en autismo se reparte en dos grupos. Los ensayos de los años sesenta y setenta, con LSD en población infantil, tenían problemas metodológicos serios, criterios diagnósticos imprecisos, y documentaron efectos adversos que incluyeron agresividad, estados disociativos y cuadros psicóticos. Esas observaciones frenaron la investigación durante décadas.

Y los estudios recientes son muy pequeños. El más citado, de Danforth y colaboradores (2018), trabajó con doce personas autistas adultas con ansiedad social severa mediante MDMA en contexto terapéutico controlado, con mejoras que se mantuvieron a los seis meses. Doce personas, con acompañamiento profesional, en un entorno diseñado y con selección previa. Ese resultado no autoriza ninguna conclusión sobre alguien que compra pastillas y va a un festival.

Existen ensayos en curso, entre ellos trabajos del King’s College London sobre procesamiento sensorial con psilocibina en dosis bajas. Sus resultados llegarán, y todavía no están.

Ayahuasca: el riesgo que puede matar

Aquí conviene ser categórico, porque es el punto donde la desinformación puede tener consecuencias irreversibles.

La ayahuasca contiene inhibidores de la monoaminooxidasa. Combinados con antidepresivos serotoninérgicos, que incluyen los ISRS, los IRSN y también la hierba de San Juan, pueden producir un síndrome serotoninérgico. Confusión, rigidez muscular, fiebre alta, convulsiones, alteraciones graves de tensión y ritmo cardíaco. Es una urgencia médica y puede ser mortal.

Esto importa especialmente en esta población por un motivo estadístico simple: una proporción muy alta de personas neurodivergentes adultas toma o ha tomado antidepresivos, con frecuencia prescritos por diagnósticos previos que llegaron antes de identificar el perfil neurodivergente.

Y aparece un riesgo añadido que se menciona poco. Los centros de retiro exigen suspender la medicación semanas antes, a veces seis u ocho según el fármaco. Retirar un antidepresivo sin supervisión médica, en el plazo que marca un retiro y con la presión de un viaje ya pagado, es peligroso por sí mismo: síndrome de discontinuación, recaída, riesgo de descompensación.

La misma precaución vale para el MDMA combinado con inhibidores de la monoaminooxidasa, y para las mezclas de estimulantes con ayahuasca.

Si tomas medicación psiquiátrica, esta decisión pasa por tu médico. No por un formulario de un centro de retiros.

Por qué el contexto de retiro es especialmente exigente

Este punto rara vez se plantea, y me parece de los más relevantes.

Piensa en lo que pide un retiro típico: viajar a un lugar desconocido, dormir en un entorno nuevo, convivir en grupo durante días, comer lo que se sirve, seguir un horario que no controlas, participar en ceremonias largas con música intensa, olores fuertes, penumbra, gente alrededor en estados alterados, contacto físico no siempre anunciado y una duración impredecible.

Cada uno de esos elementos es un factor de carga considerable para un sistema nervioso con umbrales sensoriales bajos y necesidad de previsibilidad. Sumados, y bajo el efecto de una sustancia que amplifica la intensidad perceptiva, el conjunto puede resultar desbordante.

Markram y Markram (2010) propusieron la teoría del mundo intenso: circuitos hiperreactivos que producen una percepción de intensidad desbordante. Añadir a esa base una sustancia que amplifica la percepción tiene una lógica que conviene pensar antes de hacerlo.

Y queda algo más. Muchas personas neurodivergentes tienen dificultades interoceptivas, así que detectan tarde su propio estado de sobrecarga. Y muchas otras han desarrollado respuestas de complacencia que dificultan enormemente decir que quieren parar. La combinación de ambas cosas, en un entorno donde parar está mal visto y se interpreta como resistencia al proceso, es preocupante.

Cannabis: lo más extendido y lo peor evaluado

El cannabis merece un apartado propio porque es, con diferencia, la sustancia más usada, con frecuencia como autorregulación diaria para dormir, para bajar la ansiedad o para tolerar la sobrecarga sensorial.

El THC y el riesgo de psicosis. La asociación entre consumo de cannabis y psicosis está bien documentada, es dependiente de dosis, y el riesgo aumenta cuanto más temprano es el inicio y mayor la frecuencia. La potencia del cannabis disponible hoy es muy superior a la de hace décadas, lo que cambia el cálculo.

Una vulnerabilidad posiblemente mayor. Guías clínicas y revisiones recientes señalan que las personas autistas podrían tener mayor probabilidad de desarrollar psicosis relacionada con el cannabis. Y añaden algo importante: en población autista la detección de síntomas psicóticos resulta más difícil y suele producirse más tarde, porque se solapan con rasgos ya presentes.

El desarrollo cerebral. La exposición a THC durante la adolescencia y hasta bien entrada la veintena coincide con el periodo de poda sináptica y maduración prefrontal. Las guías recomiendan evitar el THC antes de los veintiséis años salvo indicación clínica robusta.

El CBD es otra cosa, y también es limitada. El cannabidiol tiene un perfil de riesgo distinto y hay ensayos en autismo con extractos ricos en CBD. Un metaanálisis reciente localizó apenas tres ensayos aleatorizados controlados, con 276 participantes en total y resultados mixtos. Las sociedades profesionales no recomiendan cannabinoides para los rasgos nucleares del autismo con la evidencia actual.

Y el problema práctico. El cannabis funciona a corto plazo para bajar la activación, y ese alivio inmediato lo convierte en un hábito fácil de instalar. Con el tiempo suele empeorar el sueño profundo, la motivación y la memoria de trabajo, que son exactamente los tres puntos donde muchas personas neurodivergentes ya tienen dificultades.

Lo que sí puede afirmarse

Recojo lo anterior en términos claros.

Existe una señal preliminar de que algunas de estas sustancias podrían ayudar a personas autistas con ansiedad social o depresión, en contexto terapéutico controlado y con acompañamiento profesional. Esa señal procede de muestras muy pequeñas.

No existe evidencia que respalde el uso por cuenta propia, en retiros comerciales o en contextos recreativos, para esta población.

Existen riesgos documentados específicos: interacción potencialmente mortal con antidepresivos serotoninérgicos, mayor probabilidad de reacciones adversas descrita en la literatura antigua, riesgo de psicosis con THC posiblemente aumentado, y un contexto de retiro que es sensorialmente adverso por diseño.

Y falta lo más importante: no sabemos cómo responde a estas sustancias un sistema nervioso con una configuración distinta, porque no se ha estudiado.

Si aun así vas a hacerlo

Prefiero decir esto a callarlo, porque la gente lo hace igual y el silencio no protege a nadie.

Habla con tu médico sobre la medicación que tomas, antes de nada. Esta parte no es negociable y no admite atajos.

Comprueba qué formación tiene quien facilita. Pregunta qué haría ante una crisis, qué acceso a atención médica hay y a qué distancia está el hospital más cercano.

Pregunta explícitamente si se puede parar, salir de la sala, o abandonar la ceremonia sin coste. Si esa pregunta incomoda, ya tienes la respuesta.

Piensa en el entorno con criterio sensorial, y no solo emocional: ruido, olores, luz, presencia de contacto físico, duración, posibilidad de retirarte.

Y considera quién estará contigo después. La fase posterior importa tanto como la experiencia, y un sistema nervioso desbordado necesita días de recuperación que conviene tener previstos.

Lo que me preocupa de fondo

El discurso que promete transformación se dirige con precisión a quien lleva mucho tiempo agotado y sin respuestas. Esa combinación de esperanza acumulada y desesperación tranquila es exactamente el terreno donde peor se calibra el riesgo.

Y conviene recordar algo que no vende nada: la mayor parte de lo que estabiliza un sistema nervioso neurodivergente no es espectacular. Reducir la carga sensorial, dormir mejor, enmascarar menos, ajustar la exigencia, tener a alguien seguro cerca. Poco fotogénico, y con más evidencia detrás que cualquier ceremonia.

Fuentes y referencias

Bertelli, M. O., et al. (2022). Cannabis use in autism: reasons for concern about risk for psychosis. Healthcare, 10(8), 1553.

Danforth, A. L., et al. (2018). Reduction in social anxiety after MDMA-assisted psychotherapy with autistic adults: a randomized, double-blind, placebo-controlled pilot study. Psychopharmacology, 235(11), 3137-3148.

Markram, K. y Markram, H. (2010). The intense world theory: a unifying theory of the neurobiology of autism. Frontiers in Human Neuroscience, 4, 224. École Polytechnique Fédérale de Lausanne.

Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory. W. W. Norton. Neurocientífico, Universidad de Indiana.

Trevisan, D. A., et al. (2019). A meta-analysis on the relationship between interoceptive awareness and alexithymia. Journal of Abnormal Psychology, 128(8), 765-776. Universidad de Yale.

Utah Department of Health and Human Services, Center for Medical Cannabis (2021). Evidence-based guidelines: autism. Guía clínica sobre cannabinoides en trastorno del espectro autista.

Wolstencroft, J., et al. (2022). Evaluating the potential use of serotonergic psychedelics in autism spectrum disorder. Frontiers in Pharmacology.

Nota: este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la consulta médica. Cualquier cambio en medicación psiquiátrica debe realizarse bajo supervisión facultativa.

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